UN HACER DESDE LA CONSCIENCIA…

En una situación caótica que nos sobrepasa, que reta nuestra capacidad de respuesta, que nos hace cuestionarnos hasta las más pequeña de nuestras decisiones más cotidianas. Donde un día amanezco sintiéndome agradecida de estar viva y diez minutos después me siento culpable por no salir a marchar. Donde me quiero beber una birra y cuatro personas comen de la basura justo al lado de la licorería. Donde voy a clases sintiéndome casi mal por pensar en mi futuro y mientras estudio un estudiante muere en una marcha. El caos nos gobierna, nos arropa y nos impide elegir, pero !Peor aún¡, nos impide pensar.

Para muchos de nosotros, todo el que no protesta es un enemigo, todo el que no marcha, es un cobarde. Todo aquel que emigra es un traidor. Pero algunos no encontramos una respuesta en marchar, protestar o emigrar; porque protestar, marchar o emigrar proponen tan poco como beber birras, estudiar o celebrar la vida. Nos instalaron el chip de buenos y malos, policías y ladrones, escuálidos y revolucionarios. Al juzgar a quien se queda en casa, porque tiene una familia que le ama y a la cual no quiere perder; al juzgar al profesor que asiste a clases porque depende de un salario que no puede dejar de percibir.
Al juzgar, sólo le hacemos un favor enorme al sistema que nos trajo a este sitio.

Quienes marchan señalan que nos están salvando de la tiranía.

Quienes estudian aducen que desde las aulas también se construye país.

El país se construye desde la consciencia antes que desde la acción, desde la generación de ideas y desde el pensamiento antes que desde la fuerza. Hasta los sistemas más opresivos debieron pensarse antes de ponerse en práctica y para liberarnos debemos hacer entonces más que pensar. Toca hacernos conscientes, responsabilizarnos y, luego, pensar mil y un mecanismos para cortar las cadenas. Sólo entonces accionar de cualquier manera tendrá sentido.

Si no hay consciencia poco importa que farandulees en una marcha o en una fiesta. Si no hay consciencia en todos y cada uno de nosotros, nada hará que el fondo de la selfie cambie.

En palabras de Ignacio Martín Baró: “Hay que ser muy consciente de lo que es históricamente viable y de las posibilidades que abren cada situación. Entre el todo y la nada hay muchos niveles, y muchas veces la paralización total proviene de decir, que el que no cambia todo no cambia nada. Sí, pero para cambiar todo hay que ponerse en marcha, y la marcha hay que empezarla ahí donde se abren espacios, en cada circunstancia y en cada situación”.

Entonces, si pudiera responder qué es lo mejor diría:

Haz conscientemente lo que hayas decidido hacer este día, y permite que esta consciencia guíe tú accionar en los días sucesivos.

 

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