LA CHICA DANESA: Más allá de las patologías un relato de amor…

 

 

Sabemos que la Chica Danesa narra la historia real del primer individuo que se efectuó una operación transgénero y logró con ello modificar su sexo aparente. Einar quien posteriormente adoptaría el nombre legal del Lili Elbe. Einar era un pintor Danés que comprendió tras haberse vestido de mujer casi accidentalmente, que se identificaba con el género femenino y que por tanto emocionalmente se sentía mujer, en lugar de hombre.

Estos hechos ocurrieron en Europa en la década de 1930. Y aunque podemos considerar al viejo continente y especialmente a los países del norte de Europa como de los más tolerantes y avanzados en el respeto a los derechos civiles, no dejó de causar revuelo en una época en la cual no resultaba cotidiano comprender una patología de esta naturaleza.

Einar padecía una condición que en sexología médica se conoce como disforia de género, la cual puede definirse como: “Un diagnóstico psiquiátrico asignado a las personas que sienten una disforia significativa o distrés debido a la discordancia entre su sexo asignado al nacer, con el que no se identifican ni sienten como propio, y su identidad de género”. Mientras que la identidad de género es: “La convicción y conformidad de carácter subjetivo que posibilita que un individuo se sienta hombre o mujer en conformidad con el sexo biológico con el que nace”.

La disforia de género como trastorno es de gran complejidad, socialmente rechazada y muy difícil de comprender para el colectivo. Solo encontrándonos en esa situación particular podríamos hacernos una idea de lo complejo y perturbador que resulta rechazar el sexo que parecemos tener.

Por ello, no es de extrañar que la disforia de género limite o condicione el desarrollo de la personalidad de muy diferentes maneras. Retraimiento o extraversión en respuesta a las enormes dificultades emocionales que suponen la aceptación de esta condición son esperadas, muchos mecanismos de defensa se desarrollan para tratar de adaptarse a la norma sociocultural y cuando esto no se logra innumerables condiciones clínicas pueden aparecer Ej.- ansiedad, depresión.

Modernamente se ha pretendido desestigmatizar esta condición y tratarla como una patología psiquiátrica/psicológica más que sexual.

La vida de Einar/Lili estuvo marcada por el sufrimiento, en un momento histórico en el cual pudo realizarse operaciones destinadas a modificar su sexo aparente, pero que le llevaron al extremo de ocasionarse su propia muerte en un intento por trasplantarse un útero.

Sin embargo, en mi opinión personal,  el inicio de la película trata la condición emocional de Einar con ligereza. Se le presenta como un hombre varonil, pleno y feliz que descubre casi por accidente que quiere ser mujer. Si bien el descubrimiento que hizo encajar las piezas del rompecabezas pudo ser “accidental”, la disforia de género se manifiesta aunque sea internamente con sentimientos de inadecuación a los roles sociales, disconformidad y un menor a mayor grado de confusión que no se refleja en la película.

En la actualidad las operaciones de cambio de género se realizan cotidianamente, sin embargo, cambiar de sexo no resuelve por si solo las complicaciones inherentes a nacer y crecer con esta condición.

La psicoterapia es una herramienta excelente para lograr: la autoaceptación, la escogencia de un estilo/proyecto de vida a futuro, desarrollar tolerancia al rechazo social y familiar que muchas veces puede presentarse.Pero dados los conocimientos de la época Einar/Lili no tuvo acceso a la psicoterapia del modo como la concebimos actualmente, por lo cual la operación de cambio de sexo y su necesidad de convertirse en la mujer que internamente se sentía la llevó más allá de lo medicamente posible y seguro.

Pero la Chica Danesa no resulta en un mero relato de curiosidades histórico-biográficas, por el contrario, nos brinda un relato de emociones. Pasión por alcanzar lo que se anhela, aún en contra de la prudencia y de la sensatez.

Destaca el amor literalmente incondicional y la compasión de Greta, la esposa de Einar quien vió convertirse en mujer al hombre que amaba y en medio del caos, dolor y confusión hizo espacio en su sufrimiento para acompañarle y cuidarle.

Aun cuando desde la clínica podríamos llegar a considerar este comportamiento como dañino y consistente con una personalidad un tanto dependiente. Esta última historia nos demuestra que, en todo contexto, aún en los más dolorosos, vergonzosos o complejos, las cualidades de nuestra personalidad pueden abrirse paso para que demos lo mejor de nosotros mismos.

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