Lotería Sexual

A la vida sexual como a las demás situaciones de la vida en pareja se traen tres cosas, lo propio de cada uno y lo que creamos juntos como pareja.

Estas tres cosas vienen siendo algo así como los ingredientes de la receta con la que intentamos construir una vida sexual satisfactoria.

Sin embargo, y a pesar de toda la buena voluntad que podamos inyectarle, la sexualidad como se nos transmite culturalmente es una lotería. Si corrimos con la suerte de tener unas primeras experiencias satisfactorias, tanto a nivel de respuesta física como a nivel afectivo, estamos hechos. Nos sacamos el número. Porque a partir de allí vamos construyendo un patrón y lo más probable es que se vaya dando un reforzamiento positivo. Así, si en algún momento más adelante nos enfrentamos a alguna insatisfacción sabremos que eso no es una constante, aunque la mayoría de veces podemos no tener las herramientas para resolverlo apropiadamente.

Ahora bien, si por el contrario, nuestras primeras experiencias no fueron satisfactorias (algo sumamente probable), también allí estamos creando un patrón, y si no tenemos una caja de herramientas para resolverlo, o si el patrón simplemente se repite (caso frecuente en las personas que se casan muy jóvenes y en donde la comunicación falla). Es un bendito desastre porque nos adentramos en la sexualidad como quien se mete en la selva nublada sin mapa, sin brújula ni GPS, pero con las expectativas que todo el universo ha puesto en nosotros. Y a donde observemos sólo encontraremos selfies sonrientes, cuando, detrás de la cámara todos estamos tan pero tan asustados de admitir que no nos va bien (o que nos va bien pero nuestro “bien” no parece estar a la altura del “bien” ajeno).

Así, navegamos perdidos en este caos, donde a pesar de estar bien perdidos, la sociedad (que nos permite todo), nos juzga cuando nos declaramos ignorantes e intentamos comprar un mapa.

Si este llegase a ser nuestro caso, reconocerlo y abandonar los temores y juicios al respecto, es lo primero. Y buscar orientación profesional es lo segundo. Consultar con un psicólogo o directamente con un sexólogo (cuando realmente tenemos clara la naturaleza de nuestro problema) es una decisión DE SABIOS.
La vida es una sola y merecemos vivirla en el camino de la felicidad.

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