Sobre la Consulta Popular del 16 de julio

La consulta que se llevará a cabo este próximo domingo en Venezuela es legítima (está justificada ética y socialmente) pero NO es vinculante, y NO tiene validez jurídica. Casi todo en Venezuela funciona como “Alicia en el País de las Maravillas” y podríamos discutir por horas sobre cuales instituciones en Venezuela tienen legitimidad y legalidad pero eso no viene al caso. El mismo Art. 350 de la Constitución es un ejemplo de ello (no necesitamos permiso constitucional para desconocer gobiernos dictatoriales o violatorios de los derechos humanos) y cualquier acto de desconocimiento o de rebelión implica saltarse el ordenamiento jurídico (y la propia constitución) que el gobierno que se intenta desconocer incumplió primero. 
 
Si va a participar este domingo por favor entienda que es una manera de expresar la voluntad popular, muy parecida a salir a marchar pero más interesante. Refleja otras cosas. Por ejemplo la individualización (que se origina con la firma) nos va a mostrar que el rechazo al gobierno es mucho mayor que el temor a la represión y la estigmatización que puede traer como consecuencia. Mediaticamente también puede tener un gran efecto. Tendrá un gran efecto psicológico e incluso moral frente a las elecciones de la constituyente.
 
¿Es oportuna? Probablemente si.
 
El mayor error de la oposición es andar por allí generando falsas expectativas sobre sus resultados. Estas expectativas falsas acentúan la división, el odio y el resentimiento que tenemos actualmente. Y aunque parece ser el momento de la rabia es evidente que la rabia sola no nos ha resuelto mucho en el pasado. Convirtamos esa rabia en decisión y en firmeza para hacer lo que debe ser hecho.
 
A veces pareciera que a la oposición no le importa colaborar en conducir al país a una guerra civil con tal de quedarse con los restos de Venezuela (obvio sabemos que al gobierno tampoco le importa). Pero a usted y a mi si nos importa. Ni queremos ser los muertos ni queremos enterrar muertos.
 
Entonces, participe este domingo (o haga lo que su corazón le dicte) pero no crea en expectativas irreales.
 
Sin importar lo que pase y sin importar como amanezca Venezuela este próximo lunes; no permita que en su corazón se acentué el resentimiento que dividió a un país que hoy sufre, un resentimiento que hace muchos años nos llevo a escoger un proyecto político que como país estamos abandonando. Un resentimiento que tenemos que dejar de lado si no queremos repetir nuestra historia en forma de destino.

PSICOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y REALIDAD VENEZOLANA

Hace unos 40 años, Ignacio Martin Baró sumido en una realidad caótica, pero vagamente afín a la realidad venezolana actual planteaba una “Psicología de la Liberación”, se preguntaba: ¿Con el bagaje psicológico de que disponemos, podemos decir y sobre todo hacer algo que contribuya a los problemas cruciales de nuestros pueblos?. En ese momento ya pensaba que la preocupación del científico social no debía cifrarse tanto en explicar el mundo sino más bien, en transformarlo.

Hablaba de un poder que permitiera a los pueblos volverse protagonistas de su propia historia y realizar aquellos cambios que volviesen a las sociedades latinoamericanas más justas y más humanas (Martín-Baró 1983). Ideas estas, que hoy en Venezuela huelen a socialismo porque forman parte del discurso con el que durante tanto tiempo nos han ideologizado, pero que ha sido, en suma, un discurso sin poder.

Epistemológicamente las ciencias sociales, y la psicología dentro de estas, llevan 100 años (en realidad desde siempre) recorriendo el camino de lo cualitativo, con los aciertos y desaciertos que construyen ciencia a la vez que humanidad. Por tanto, tenemos las herramientas y un camino allanado para la comprensión de lo que nos convirtió en el pueblo que somos. En suma, sabemos mucho y entendemos mucho respecto a nosotros mismos, respecto al pueblo venezolano.

Sabemos mucho de matricentrismo porque en cierto sentido todos adoramos la figura de la madre, la mayoría (estadísticamente hablando) hemos experimentado la ausencia de un padre funcional. Sabemos que como pueblo requerimos la figura de un padre protector (el que no tuvimos y cuya ausencia lloramos), es fácil comprender, en el nivel de las ideas, que buscamos a ese padre como niños huérfanos, en cada caudillo, en cada presidente, en cada promesa. Pero, aunque quienes tenemos el privilegio de saber, efectivamente sabemos, o entendemos, no basta solamente con saber. Así como Alí Primera decía muy sabiamente “No Basta Rezar”. Luego de saber, necesitamos decidir qué haremos con eso que efectivamente sabemos.

Baró nos hablaba de la necesidad de una nueva epistemología, de la investigación participativa, de una nueva perspectiva y de una nueva praxis. La nueva perspectiva provenía en su criterio, de un trabajo que surgiera desde la vertiente del dominado, del oprimido. Hacía énfasis en que provenía de este sujeto, en que no era una dádiva del opresor para lograr la liberación de quien se presume “oprimido”.

Pero entonces, en esta nuestra realidad: ¿Cómo hacemos para liberarnos y crecer desde el nosotros?, ¿Cómo se ve el crecimiento, la autorresponsabilidad, la independencia desde la óptica de un pueblo niño que jamás ha tenido padre? Así pues, esta liberación parece partir irremediablemente del pueblo, tiene que gestarse en nosotros en tanto que somos parte de este colectivo. Cuál es el rol que los profesionales de las ciencias sociales tenemos en este proceso?.

En esta perspectiva es evidente que quienes podemos ver más allá, tenemos una gran responsabilidad, pero no tenemos claros ni los límites ni el modo en que esta responsabilidad debe ser ejercida.

Como dice sabiamente un refrán tibetano: “Gran problema, gran honor”. La situación política y social de Venezuela es crítica, caótica, rebasa a diario nuestra capacidad de adaptación, reta nuestra tolerancia, y dentro de este caos algunos nos sentimos llamados a la acción. Así, podemos caer en el error metodológico de pretender orientar, guiar o conducir, y aunque es cierto que la orientación tiene sus momentos y sus espacios no parece ser en su totalidad lo que requiere este momento histórico.  La orientación conduce, lleva, pero resta poder, el oprimido se deja guiar, se deja orientar pero no por ello se “desoprime”, no asume la propia responsabilidad en su proceso.

Además: ¿Quién en nuestra realidad es el opresor y quien el oprimido? Si tal parece que oprimidos por la ignorancia estamos todos y los actuales “oprimidos” están condenados a convertirse en los opresores de mañana.  ¿Qué podemos hacer para hackear el sistema desde adentro?

La Praxis que Baró nos vende nos habla de que, además de transformar la realidad  esta praxis nos transforme a nosotros mismos. Pues, al fin y al cabo, los procesos colectivos nunca pueden separarse de los individuales. Dejarse transformar en medio del esfuerzo que ponemos en colaborar con una transformación que va más allá del nosotros y que además, no es la transformación que “planificamos” sino una construcción colectiva a la cual aportamos pero que de ningún modo estamos diseñando o planificando.

¿Qué actividades empoderan? Todo lo que promuevan reflexión y genere espacios en donde esta reflexión pueda darse. Generar espacios de trabajo, hacer un uso reflexivo de las redes sociales siempre que sea posible, actividades que promuevan el reconocimiento del “otro” o que tiendan a posibilitar que analicemos el problema desde otra óptica.

Todas las acciones coherentes con la autoresponsabilidad son bienvenidas, pues aún desde la autotransformación y el propio proceso podemos aportar algo o generar aunque sea un mínimo de impacto.

 

 

HISTORIA DE LA SEXUALIDAD: PLURIDIMENSIONAL, ATEMPORAL Y SIEMPRE COMPLEJA

Conversar sobre la historia de la sexualidad implica remontarnos a los inicios de la especie y combinar lo más simple e instintivo con lo que culturalmente nos ha generado el mayor número de complicaciones y tabúes.

Indispensable para la preservación de nuestra especie, el ejercicio de la función sexual parece generar (al menos en la cultura occidental) cada vez más confusión, al punto de que, llegamos a requerir orientación y consejo profesional para lograr plena satisfacción en un ámbito en el cual, para bien o para mal nuestros antepasados lograron arreglárselas sin ayuda.

Podemos pasearnos por la amplísimamente documentada historia de la sexualidad y encontrar, desde curiosidades, hasta hechos bien importantes. Desde la promiscuidad sexual primitiva característica de la prehistoria, pasando por la fuerte influencia con la que las religiones provenientes del tronco semita marcaron durante siglos y hasta el presente su ejercicio. Sobre esto último expresa Vera-Gamboa (1998)[1] lo siguiente:

En el Antiguo Testamento, se señalan las normas que regulaban la conducta sexual de la época. En el judaísmo, el matrimonio tenía como finalidad la descendencia y la esposa hebrea tenía el “privilegio” de compartir los favores del esposo con otras esposas secundarias, pero si ella era infiel era apedreada.

Aunque nos remontamos con este relato quizás hasta hace unos 3000 años, es necesario recordar que, en la actualidad, al menos 47 países del mundo toleran o incluso promueven la poligamia. Se calcula que para 2014 al menos 100.000 personas de Estados Unidos practicaban la poligamia. La mayoría de ellos de la religión “Mormon” e integrantes de una corriente fundamentalista de la misma[2].

En la edad media, por influencia del cristianismo, en la cultura occidental volvemos al matrimonio monógamo y es para 1530 cuando la Reforma protestante de Martín Lutero admite el primer divorcio solicitado por Enrique VIII para lograr casarse con Ana Bolena.

Históricamente, es ya entrando en el siglo XIX cuando, como especie, levantamos un poco los velos morales y religiosos que venían cubriendo el ejercicio de la función sexual y nos dedicamos a realizar un estudio científico de esta. De manera quizá un tanto exagerada, Sigmund Freud sistematiza una teoría de la personalidad donde el desarrollo sexual condiciona gran parte del comportamiento del hombre adulto, a su vez consagra las bases de la teoría psicoanalítica que posteriormente será depurada por otros autores. Siglos antes de Freud, en un contexto religioso ya se había considerado como demoníaco el impulso sexual, se le tenía como causante de pecado. Y aunque no parezca tan significativo actualmente, generar una teoría esquematizable en etapas, acerca del desarrollo sexual, resultó muy significativo para la psicología.

Más adelante, otros autores como: Kinsey o Master y Jhonson, continuaron realizando investigaciones cada vez más significativas y desmitificadoras en relación con la función y la respuesta sexual. Dando pasos agigantados en la labor que permite reencontrarnos en el ejercicio de la función sexual como el hecho casi instintivo que es; y que se ha visto opacado por la intrusión de elementos inherentes a la religión, la cultura y la moral, los cuales, cuando no los hemos contextualizado y digerido apropiadamente, en lugar de guiarnos u orientarnos, más bien nos limitan y nos condicionan restándonos placer y felicidad.

Elaborar conclusiones sobre la historia de la sexualidad desde cualquier óptica nos llevaría a resultar un poco etnocentristas, pues aún desde la cultura occidental, las variaciones pudiesen ser infinitas y difícilmente encontraríamos un marco general a qué atenernos. Podremos, en un mismo momento histórico encontrar una sexualidad monogámica primitiva entre los indígenas Yanomamis Venezolanos, relaciones polígamas en una colonia de inmigrantes mormones en las selvas de Bolivia o relaciones poliamorosas en Bogotá.

No obstante, generalizando un poco, en las últimas décadas, para un porcentaje alto de occidentales han operado grandes cambios culturales en torno a la visión que se tiene del ejercicio de la función sexual. Entre estas para Fumero[3] destacan: Consolidación de las conquistas de las décadas anteriores, mayor libertad sexual para hombres y mujeres, se aborda el estudio del sexo desde una perspectiva científica, aparece la sexología como rama de la ciencia.

Todo lo anteriormente mencionado debe servir de preámbulo para la compresión de varias ideas.

La primera de ellas es el carácter pluridimensional de la sexualidad ejercida por el ser humano. Muy acertadamente, en Formación de Actitudes del Orientador (1994)[4] hemos estudiado el ejercicio de la sexualidad en relación a 3 funciones: afecto/amor, reproducción, función sexual. Esto, con fines educativos es lo más pertinente y útil. Sin embargo, la complejidad de la sexualidad no se detiene allí, será compleja o más simple en función de lo que represente para cada individuo y dentro de cada cultura.

Por pluridimensional, en este caso, me refiero al hecho de que atiende a diversos aspectos. Entonces, el ejercicio de la sexualidad tiene connotaciones éticas, morales, religiosas, educativas que forman parte de la educación que recibimos en la cultura en la cual crecemos.

Un ejemplo de ello es que el ejercicio de la sexualidad puede ser una manera de conectar con la divinidad, de convertirse en cocreador. Dentro del taoísmo y  la sexualidad tántrica la sexualidad obedece a fines superiores a la reproducción y el afecto por la pareja. También los budistas tibetanos en algunos casos, utilizan la energía sexual como parte de sus meditaciones, que como objetivo plantean desarrollarse para el beneficio de todos los demás seres.

Que paradójico resulta que lo más simple pueda, al mismo tiempo, ser tan complejo.

No en vano Pascal[5] reflexionaba:

“¿Qué quimera es, pues, el hombre?. ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicción, qué prodigio! ¡Juez de todas las cosas, imbécil gusano, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y excelencia del universo…! Reconoced, pues, soberbios, qué paradoja sois para vosotros mismos. Humillaos, razón impotente; naturaleza imbécil: sabed que el hombre supera infinitamente al hombre…”

La historia de la sexualidad también pretende ofrecer un criterio de temporalidad para la comprensión de algo que a mi parecer es inherentemente atemporal. Dado que la palabra atemporalidad proviene del latín “intemporātis” que significa negación o antítesis de tiempo. Por tanto, hace referencia a algo para lo cual el criterio tiempo no es aceptable. Entonces, a mi juicio, hacer valoraciones “temporales” del ejercicio de la función sexual a lo largo de la historia es, básicamente un ejercicio intelectual un tanto estéril.

Estudiar la evolución de la historia de la sexualidad implica comprender como una de las funciones humanas más instintivas se entremezcla como ninguna otra con la vida emocional, la educación y las conservas culturales. Una vez mezclado todo, en proporciones incalculables, es labor de cada hombre reivindicar su derecho a un ejercicio instintivo, a la vez que consciente (paradójicamente, de nuevo) y adecuado a los valores que haya adquirido.

En este mismo orden de ideas, la sexualidad está tan irremediablemente permeada por la cultura, por lo que creemos que somos, o (en otros casos) por lo que nos han hecho creer que somos, que resulta imposible negar su complejidad.

Aunque la sexología nos lleva (como es comprensible), al terreno científico de las causas y los efectos, a la modificación de conductas y de patrones. El ejercicio de la sexualidad es, en mi humilde opinión, un hecho vincular profundamente y complejamente humano, que solamente a veces puede ser llevado con éxito a la dimensión “estímulo-respuesta, patrón sexual, variabilidad” que plantea la sexología.

De hecho, me aventuro a afirmar que solamente luego, de vernos como humanos en nuestra dinámica y generalmente caótica complejidad vincular; luego de haberla aceptado, es cuando se hace posible remitirnos a la sexología para modificar conductas o patrones y aumentar la variabilidad en nuestra respuesta sexual que debe ayudarnos a obtener más placer. Sólo luego de ello, es cuando seremos, además, más felices.

 

                     Ninguna época ha sabido tantas y tan diversas cosas del hombre como la nuestra. Pero en verdad, nunca se ha sabido menos qué es el hombre.

                                                                                  Martin Heidegger

 

[1] Vera-Gamboa, Ligia. (2002) Historia de la Sexualidad. Rev Biomed 1998; 9:116-121.

[2] Los Grupos Polígamos tienen Mucho Poder y Dinero. Redacción Protestante Digital (2017)

[3] Fumero, Albin. Seminario I. Material de Clase CIPPSV.S/E

[4] CIPPSV. Formación de Actitudes del Orientador (1994) Material de la Asignatura.

[5] Pascal, Blas. Reflexiones.

UN HACER DESDE LA CONSCIENCIA…

En una situación caótica que nos sobrepasa, que reta nuestra capacidad de respuesta, que nos hace cuestionarnos hasta las más pequeña de nuestras decisiones más cotidianas. Donde un día amanezco sintiéndome agradecida de estar viva y diez minutos después me siento culpable por no salir a marchar. Donde me quiero beber una birra y cuatro personas comen de la basura justo al lado de la licorería. Donde voy a clases sintiéndome casi mal por pensar en mi futuro y mientras estudio un estudiante muere en una marcha. El caos nos gobierna, nos arropa y nos impide elegir, pero !Peor aún¡, nos impide pensar.

Para muchos de nosotros, todo el que no protesta es un enemigo, todo el que no marcha, es un cobarde. Todo aquel que emigra es un traidor. Pero algunos no encontramos una respuesta en marchar, protestar o emigrar; porque protestar, marchar o emigrar proponen tan poco como beber birras, estudiar o celebrar la vida. Nos instalaron el chip de buenos y malos, policías y ladrones, escuálidos y revolucionarios. Al juzgar a quien se queda en casa, porque tiene una familia que le ama y a la cual no quiere perder; al juzgar al profesor que asiste a clases porque depende de un salario que no puede dejar de percibir.
Al juzgar, sólo le hacemos un favor enorme al sistema que nos trajo a este sitio.

Quienes marchan señalan que nos están salvando de la tiranía.

Quienes estudian aducen que desde las aulas también se construye país.

El país se construye desde la consciencia antes que desde la acción, desde la generación de ideas y desde el pensamiento antes que desde la fuerza. Hasta los sistemas más opresivos debieron pensarse antes de ponerse en práctica y para liberarnos debemos hacer entonces más que pensar. Toca hacernos conscientes, responsabilizarnos y, luego, pensar mil y un mecanismos para cortar las cadenas. Sólo entonces accionar de cualquier manera tendrá sentido.

Si no hay consciencia poco importa que farandulees en una marcha o en una fiesta. Si no hay consciencia en todos y cada uno de nosotros, nada hará que el fondo de la selfie cambie.

En palabras de Ignacio Martín Baró: “Hay que ser muy consciente de lo que es históricamente viable y de las posibilidades que abren cada situación. Entre el todo y la nada hay muchos niveles, y muchas veces la paralización total proviene de decir, que el que no cambia todo no cambia nada. Sí, pero para cambiar todo hay que ponerse en marcha, y la marcha hay que empezarla ahí donde se abren espacios, en cada circunstancia y en cada situación”.

Entonces, si pudiera responder qué es lo mejor diría:

Haz conscientemente lo que hayas decidido hacer este día, y permite que esta consciencia guíe tú accionar en los días sucesivos.

 

UN HACER DESDE LA CONSCIENCIA…

En una situación caótica que nos sobrepasa, que reta nuestra capacidad de respuesta, que nos hace cuestionarnos hasta las más pequeña de nuestras decisiones más cotidianas. Donde un día amanezco sintiéndome agradecida de estar viva y diez minutos después me siento culpable por no salir a marchar. Donde me quiero beber una birra y cuatro personas comen de la basura justo al lado de la licorería. Donde voy a clases sintiéndome casi mal por pensar en mi futuro y mientras estudio un estudiante muere en una marcha. El caos nos gobierna, nos arropa y nos impide elegir, pero !Peor aún¡, nos impide pensar.

Para muchos de nosotros, todo el que no protesta es un enemigo, todo el que no marcha, es un cobarde. Todo aquel que emigra es un traidor. Pero algunos no encontramos una respuesta en marchar, protestar o emigrar; porque protestar, marchar o emigrar proponen tan poco como beber birras, estudiar o celebrar la vida. Nos instalaron el chip de buenos y malos, policías y ladrones, escuálidos y revolucionarios. Al juzgar a quien se queda en casa, porque tiene una familia que le ama y a la cual no quiere perder; al juzgar al profesor que asiste a clases porque depende de un salario que no puede dejar de percibir.
Al juzgar, sólo le hacemos un favor enorme al sistema que nos trajo a este sitio.

Quienes marchan señalan que nos están salvando de la tiranía.

Quienes estudian aducen que desde las aulas también se construye país.

El país se construye desde la consciencia antes que desde la acción, desde la generación de ideas y desde el pensamiento antes que desde la fuerza. Hasta los sistemas más opresivos debieron pensarse antes de ponerse en práctica y para liberarnos debemos hacer entonces más que pensar. Toca hacernos conscientes, responsabilizarnos y, luego, pensar mil y un mecanismos para cortar las cadenas. Sólo entonces accionar de cualquier manera tendrá sentido.

Si no hay consciencia poco importa que farandulees en una marcha o en una fiesta. Si no hay consciencia en todos y cada uno de nosotros, nada hará que el fondo de la selfie cambie.

En palabras de Ignacio Martín Baró: “Hay que ser muy consciente de lo que es históricamente viable y de las posibilidades que abren cada situación. Entre el todo y la nada hay muchos niveles, y muchas veces la paralización total proviene de decir, que el que no cambia todo no cambia nada. Sí, pero para cambiar todo hay que ponerse en marcha, y la marcha hay que empezarla ahí donde se abren espacios, en cada circunstancia y en cada situación”.

Entonces, si pudiera responder qué es lo mejor diría:

Haz conscientemente lo que hayas decidido hacer este día, y permite que esta consciencia guíe tú accionar en los días sucesivos.

Convertirse en Líder: ¿Azar o proceso?  

 

¿Crees que un líder nace, se hace o lo hacen?

¿Será que la habilidad de liderar es completamente innata?

En 1990, tras 27 años de prisión el activista político Nelson Mandela fue liberado de la cárcel. Cuatro años después era elegido presidente de Sudáfrica. En 1993 recibió el premio Nobel de la Paz y más que héroe de un país se convirtió en un ejemplo mundial de lucha contra la segregación racial.

En 2014 el Nobel de la Paz fue ganado por Malala Yousafzai una estudiante, activista y escritora pakistaní quien tenía sólo 17 años de edad en ese momento. Malala es activista de derechos civiles, especialmente de los derechos educativos que el régimen talibán ha prohibido a las mujeres de Paquistán. La notoriedad de Malala inició cuando escribió para la BBC una serie de artículos que relataban como era la vida de una niña bajo el régimen taliban. En ese momento tenía 11 años.

En 1994, durante el genocidio de Ruanda, Paul Russesebagina, un gerente de hotel protegió a 1268 personas de las masacres que se llevaban a cabo en el país y con ayuda de otras personas logró hacerles cruzar la frontera salvando sus vidas.

En 1915 el barco comandado por el explorador inglés Ernest Shackleton quien lideraba una expedición para atravesar la Antartida, quedó atrapado en el hielo polar. Shackleton comandó las actividades de supervivencia y de rescate de los 37 miembros de su tripulación, logrando que fuesen rescatados con vida dos años y medio después de haber zarpado.

¿Circunstancias extraordinarias o personas extraordinarias?

Para Whittaker (s/f) [1]Gran parte de las personas tiende a pensar que los líderes son una raza aparte; es decir, que sus características definitivamente los diferencian de los otros miembros del grupo. El que se hable de líderes y de seguidores como una dicotomía sugiere en sí la existencia de esas diferencias notables”.

Whitakker también señala que el que los líderes se diferencien tanto entre sí, ha hecho que algunos investigadores afirmen que el liderazgo es específico de situaciones o tareas particulares.

Lo cierto es, que el liderazgo es un fenómeno muy complejo. No podemos afirmar que un líder sólo se “hace”. Mandela, quien ya era un líder carismático antes de ir a prisión, tuvo 27 años para trabajar en sí mismo y convertirse en la persona que sería capaz de hacer las cosas que hizo. Malala Yousafzai en cambio, no pudo haber tenido muchas oportunidades conscientes de formarse para el liderazgo, sobre todos si consideramos que a los 13 años era la voz de un movimiento, y por defender sus ideas había sufrido un atentado casi mortal.

Mientras que Shackleton forzosamente estuvo educado para ejercer alguna clase de liderazgo (al haberse formado como capitán de barco), no creo que nada pueda haberlo preparado para liderar a otros durante años, enfrentándose a la casi certeza de morir congelados o de hambre, en un lugar donde las posibilidades de ser rescatados eran prácticamente nulas.

Sin embargo, preparados o no, hicieron cosas extraordinarias.

Muchos han intentado explicar si los líderes nacen o se hacen.

Podemos encontrar gran cantidad de opiniones las cuales se resumen en básicamente 3 teorías: Teoría del gran hombre (señala que el líder tiene unas cualidades especiales), teoría de los tiempos (expresa que el liderazgo es básicamente producto de las circunstancias), y modernamente, la psicología social acepta los postulados de la llamada Teoría de la Interacción. Esta teoría considera al liderazgo como el resultado de la vinculación entre características del líder, características de los seguidores y situación particular.

La función del líder es representar y dar expresión a las necesidades y los deseos del grupo y contribuir de modo positivo a satisfacer esas necesidades. Hasta donde lleve a cabo esto, seguirá siendo el líder; cuando no logre cumplir su función, se le eliminará. Gibb (1954)[2]

En definitiva, el ejercicio del liderazgo depende del individuo, del grupo y de las situaciones que se nos presenten. Y pareciese que es un equilibrio bastante frágil. Gibb expresaba también, que en cuanto el grupo note que el líder no satisface sus necesidades, será sustituido.

El Liderazgo Situacional de Hersey y Blanchard (1981)[3] también profundiza en esta teoría añadiendo que interaccionan 3 elementos: La dirección y guía del líder, que determina el comportamiento hacia la tarea, el apoyo socio-emocional que influencia la relación y, por último, la voluntad de los seguidores que es influenciada por la mayor o menor madurez de estos.

Lo que nos puede llevar a concluir que, la interacción no es un fenómeno para nada simple. Requiere de unas habilidades concretas (las del liderazgo), de una vinculación emocional líder-colectivo en donde intervienen muchos factores difíciles de controlar o predecir y además de unas capacidades y compresión que se expresan en la madurez de los seguidores.

Tanta complejidad explica un poco las dificultades que enfrentamos en Venezuela respecto al liderazgo político. Me atrevo a decir que los venezolanos como colectivo, cuando ejercemos el rol de seguidores tenemos un nivel de madurez bastante bajo, casi infantil y con una visión muy inmediata de nuestras necesidades, que debe dificultar enormemente llevar a cabo un liderazgo efectivo.

En cualquier caso, más allá de si se ejerce formalmente o no, el liderazgo se traduce como la influencia efectiva en controlar las acciones de otros miembros del grupo.

¿Podemos liderar TODAS las situaciones?

En este orden de ideas también surge la pregunta, de si un líder puede liderar en todas las situaciones o a todo tipo de grupo. Los estudios de Sheriff (1956) sugirieron que el liderazgo es, además de producto de la interacción, un rol diferenciado. En sus experimentos un individuo liderizaba unas actividades pero otro diferente liderizaba otras.

Ares (2010)[4] en referencia a los experimentos de Sherif expresa:

 El liderazgo es un rol dentro del esquema de relaciones y está definido por expectativas recíprocas entre el líder y los otros miembros. De todas las definiciones disponibles, esta concepción del liderazgo como Rol es la más firme sostenida por datos de investigaciones.

También podemos sentirnos tentados a creer que los lideres tienen cualidades especiales que los diferencian del grupo. Quizá son mucho más inteligentes, más guapos, más valientes, más extrovertidos o más altos. Nada más alejado de la realidad. Los estudios de Psicología Social expresan que para que un líder sea líder debe ser percibido esencialmente como miembro del grupo, y que no hay diferencias significativas en la mayoría de aspectos exceptuando 2: Inteligencia y confianza en sí mismos.

En casi la mitad de los estudios donde se investigó la vinculación entre inteligencia y liderazgo se encontró una relación significativa:

  En general, se concluye que los líderes son más inteligentes que sus seguidores; pero, uno de los resultados más interesantes surgido de esos estudios fue descubrir que no deben superar a sus seguidores por un margen demasiado grande, pues las discrepancias de consideración entre la inteligencia de los líderes y la de los seguidores se opone al surgimiento de una relación de liderazgo. (Gibb:1954[5])

Sobre la confianza en sí mismos se llegó a conclusiones similares. Los líderes serán, relativamente en relación con su grupo más inteligentes y con mayor autoconfianza, pero no demasiado.

A manera de conclusión: ¿De qué sirve todo esto en dinámica de grupos?

Puede servirnos para poner en perspectiva varias cosas y rescatar varias ideas:

La primera de ellas es la compresión de que todos podemos liderar. Quizás no sea nuestra cualidad más innata y es posible que ni siquiera nos guste mucho. Pero seguramente habrá al menos algún contexto en el que nos salga natural. Esta comprensión debería llevarnos también, cuando seamos nosotros quienes trabajemos con grupos, a fomentar un liderazgo más situacional y a evitar promover un liderazgo único.

La segunda es entender que no podemos pretender liderar en todo contexto. Muchas veces no habrá conexión entre nuestro grupo y nosotros. Es una realidad que nos toca aceptar y respetar.

La tercera es que podemos asumir el liderazgo como el ejercicio de un rol. No tenemos la necesidad de ser líderes constantemente, así como no nos comportamos como hijos, amantes o hermanos las 24 horas del día los 7 días de la semana.

También podemos internalizar el hecho de que el liderazgo es producto de la interacción. A veces las cualidades del grupo nos harán sacar un potencial insospechado y florecerán cosas que no imaginábamos. No creo que Malala haya imaginado cuando tenía 10 años, que 7 años después ganaría un premio Nobel. También, puede ocurrir que, circunstancias extraordinarias generen en nosotros respuestas extraordinarias, como fue el caso de Paul Rusessebagina.

Finalmente, si queremos ser líderes, podemos asumir nuestra responsabilidad personal en crear las condiciones para ello. Volvernos los líderes que nuestra realidad y nuestro contexto exigen, tanto en habilidades prácticas como a nivel espiritual (como asumo hizo Nelson Mandela).

Y luego de hecho esto, nos tocará esperar, y ver si la vida nos reúne con personas extraordinarias y nos coloca en situaciones extraordinarias. J

Me gustaría que me recordaran no como alguien singular o especial, sino como parte de un gran equipo que ha luchado por muchos años, por muchas décadas e incluso siglos en este país”  

Nelson Mandela

[1] Whittaker, James. Liderazgo y poder en los grupos. Extraído de: http://ual.dyndns.org/Biblioteca/Psicologia_Social/Pdf/Unidad_05.Pdf

[2] Gibb. http://www.ucipfg.com/Repositorio/MAP/MAPD-03/BLOQUE-ACADEMICO/Unidad2/Conceptos_de_Liderazgo.pdf

[3] http://www.ucipfg.com/Repositorio/MAP/MAPD-03/BLOQUE-ACADEMICO/Unidad2/Conceptos_de_Liderazgo.pdf p. 15

[4] Sherif, M. citado por Ares, A. en:  http://www.antonioares.es/documentos/lecturas/Liderazgo_en_los_grupos.PDF

[5] Ob. Cit.

No la juzgue… Comprenda (Parte II).

En el pasado post les decía que a veces resulta importante distinguir entre experiencias, preferencias y valores. Las EXPERIENCIAS son situaciones por las que hemos atravesado, las PREFERENCIAS son opciones que escogemos como deseables y preferibles para nosotros, y los VALORES son cualidades ideales que en algún momento tomamos la decisión de mantener.

Si nuestra pareja nos confiesa, o nos comenta algo que nos desagrada (puede ser una fantasía, un deseo, una experiencia). antes de salir corriendo, horrorizarnos o juzgarlo. Si usted quiere salga corriendo. Pero podríamos quizás intentar otras cosas.

Nos puede resultar útil analizar si lo que nos ha contado refleja sus experiencias, sus preferencias o sus valores. En un mundo ideal los valores de una pareja deben ser profundamente similares, deben estar jerarquizados en forma parecida. Los que no sean similares tampoco deben ser incompatibles entre sí. Si los valores de tu pareja son diametralmente opuestos e incompatibles a los suyos es altamente probable que surjan inconvenientes, considera la opción de asistir a terapia de pareja, quizás algunos valores pueden ser replanteados, quizás tú y tu pareja necesiten llegar a nuevos acuerdos que posibiliten la convivencia o en última instancia quizás necesites buscar una pareja nueva. Pero por el bien de tu sexualidad y de la de tu pareja actual, no juzgues lo que tu pareja te confíe.

Entrando al terreno de las preferencias, las preferencias no deben ser necesariamente idénticas, pero sí deben ser compatibles. Si usted (heterosexual) tiene como pareja a una persona homosexual, tendremos allí un obstáculo latente en el terreno de las preferencias a nivel sexual específicamente. A diferencias de los valores que no suelen poderse negociar, la ventaja con las preferencias es que a mayor o menor grado de compatibilidad miles de escenarios son negociables y miles de situaciones pueden adaptarse y mejorar con el tiempo. Ej.-Puede ser que uno de los miembros de la pareja sea un tanto exhibicionista y le agrade hacer el amor frente a la ventana, o en la azotea, quizás usted se sienta cohibido con eso, pero es posible que negocien un encuentro sexual frente a la ventana durante la madrugada (cuando es menos probable ser visto), y poco a poco vayan negociando mecanismos de satisfacción. Como este, hay miles de ejemplos.

Respecto a las experiencias podemos recordar lo siguiente: Las personas no somos lo que hacemos, somos lo que hemos aprendido. En general las experiencias sexuales previas que nuestra pareja haya tenido no deberían convertirse en un obstáculo si estamos alineados en valores y con preferencias afines. Sin embargo, para algunos en el mundo real puede requerir un ejercicio de apertura mental que puede llegar a resultar duro. Suele ser importante el tener presente que si nuestra pareja nos satisface aquí y ahora, y hay afinidad de valores, cualquier experiencia anterior la ha preparado para el aquí y el ahora que está compartiendo con nosotros.

No la juzgue… Comprenda (Parte I).

Partamos del principio de que cada persona es diferente. Nos criaron bajo un esquema de valores distinto, a nivel familiar, emocional y sexual. Hoy quiero comentar lo que considero puede ser de las cosas que mas daño pueden hacerle a la intimidad de una pareja. Esto es juzgar al otro. Juzgar a la pareja en el terreno de la sexualidad puede llegar a hacer tanto daño como una infidelidad. En algunos casos heridas de este tipo tardan mucho en ser sanadas, o no sanan nunca.

Piensa que cada juicio negativo que hacemos tiene el potencial de convertirse en un devorador de orgasmos ambulante, que ira por allí procurando comerse pedacitos de futura felicidad compartida. Por eso:

Si su pareja le dice que ha tenido experiencias con personas de su mismo sexo, o si le dice que le satisface la estimulación anal, si le confiesa que quiere hacer un intercambio o un trío, Si su pareja le dice: __________________ (rellene aquí con cualquier cosa que se le ocurra),NO LO JUZGUE (o haga lo humanamente posible por no juzgarlo).

Al fin y al cabo, lo que usted piense al respecto probablemente no cambie en nada lo que su pareja desea. Pero si puede traerle un montón de problemas gratuitos.

Acá resulta útil distinguir entre experiencias, preferencias y valores.

Las EXPERIENCIAS son situaciones por las que hemos atravesado: Si hemos tenido 129 parejas sexuales esas son experiencias, si participamos en una orgía, eso es una experiencia, si tuvimos alguna relación homosexual, esas también son experiencias. Las experiencias, positivas o negativas suelen ayudarnos a descubrir cuáles son nuestras PREFERENCIAS en el terreno sexual y en el resto de las áreas de la vida: Si somos hetero u homosexuales, si practicamos bondage, si nos gusta el sexo oral, si preferimos la luz apagada, las nalgadas o los mordiscos. Las experiencias también ayudan a consolidar nuestro VALORES, que en este caso permean tanto nuestra faceta sexual como el resto de nuestra vida cotidiana. Ejemplos de valores son: Si somos generosos, leales, respetuosos.

Exteriorizar los juicios es un hábito recurrente sobre todo si provenimos de un entorno familiar cerrado, fuertemente religioso o donde no abundó la compresión. En un mundo ideal no deberíamos juzgar a nadie.

Sin embargo como somos humanos y emitir juicios de valor nos es intrínseco, resulta muy difícil no emitir un juicio (aunque sea superficial y mental) sobre cada cosa que nos cuentan. Si no podemos evitar juzgar a nuestra pareja, deberíamos evitar el decírselo, especialmente si entra en el muy sensible y delicado territorio de la sexualidad.

Ahora bien, en el próximo post les cuento que podemos hacer si nuestra pareja nos confía algo que no nos gusta, algo que choca con nuestros valores o que nos resulta imposible dejar de juzgar.

Las Redes, el Caos y la Desesperanza…

Las redes sociales sólo son un medio mas de comunicarse. Para algunos son el medio preferido para hacer catarsis. Todos en mayor o menos medida caemos en ello.

Las redes sociales son como el dinero, magnifican, potencian lo que está en la mente y personalidad de cada individuo. Si eres estúpido y tienes mucho dinero mucha gente se da cuenta. Con las redes sociales pasa exactamente lo mismo.

Hoy, en Venezuela, hay los que postean la situación país entera y los que no. También los que arriesgan la vida protestando en mayor o menor medida sin importar si haciéndolo se toman o no selfies.

Salir a la calle a marchar por si solo no va a tumbar a este gobierno, postear o no postear sobre ello tampoco lo hará. Pero son acciones que se pueden unir a otras y que no dependen, ni del que marcha, ni del que critica, ni del que sube fotos. Pero que juntas le devuelven la esperanza a un colectivo que necesita sentir que estamos en el mismo barco. O que estamos en un barco y que dicho barco flota y va para algún sitio.

Entonces, en las redes sociales:

1.- Comparta información fidedigna, que deba ser conocida, pregúntese: ¿Es realmente importante que el mundo conozca esto? Si es afirmativo, compártalo.

2.- Comparta contenido que fomente la reflexión, comprensión de la situación que se vive. O que resulte útil informativamente en los momentos que estamos viviendo.

3.- Evite en lo posible hacer catarsis constantemente a través de las redes. Si no puede evitarlo procure no sembrar odio. A todos nos duele este país, todos estamos indignados y todos lloramos sus muertos.

Pero odio ya tenemos bastante.

Algún día va a amanecer y nuestro país no va a depender de los políticos sino de la capacidad que conservemos para mirarnos a los ojos.